Ríos de tinta

Publicado en: Cibertorpe
La historia de cómo un cartucho empachado de tinta se vengó de su dueña.
Nunca olvidaré la anécdota de una de las mejores amigas de mi madre, que compró un ordenador para escribir relatos y mandarlos a concursos. Le encantaba escribir desde hacía años, y, después de haber llenado un cuaderno tras otro se dio cuenta de que, pasando sus historias al ordenador, sería posible enviar alguna de ellas a un certamen. La verdad, no me acuerdo muy bien de la calidad de sus escritos, pero sé que después de lo ocurrido pasó varios meses sin teclear una sola letra. Lo que pasó fue que, después de haber impreso las doscientas páginas que componían su serie de relatos, su cartucho de tinta pidió clemencia y dijo que ya bastaba. Al darse cuenta de que en lugar de letras le aparecían jirones negros, la mujer decidió recargar la tinta. Pero, en vez de retirar el cartucho ya gastado y sustituirlo por uno nuevo, se dispuso a recargar el cartucho vacío con una jeringuilla repleta de tinta. Cualquiera que la hubiera visto, agachada bajo la mesa del ordenador mientras administraba lentas y dolorosas dosis de tinta al cartucho con una jeringuilla, hubiera retirado el instrumento de sus manos; pero ella estaba sola en casa, y pasó lo que tuvo que pasar. Nadie pudo remediar que, cuando las páginas de su último cuento empezaron a salir, el tapón del cartucho recién “recargado” se saliera y se impregnara de tinta su historia, su impresora y su maravillosa moqueta. Y todo porque la buena mujer era obediente, y había leído que el cartucho de su impresora era de inyección. Eso significa realmente que la tinta se “inyecta” en el papel, a diferencia de las impresoras láser, que constan de un cilindro sensible a la luz que captura las partículas de tóner y las transfiere al papel. No sé si ella llegó a saberlo, pero sé que aprendió a comprar cartuchos de forma civilizada, y que cada vez que ve una jeringuilla enrojece.